
2 Macabeos · BLM
2 Macabeos
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Texto bíblicoVoz sintética (IA)
Por aquel tiempo, Antíoco se batió en retirada en desorden desde la región de Persia. Pues había entrado en la ciudad llamada Persépolis, y había intentado robar un templo y controlar la ciudad. Por ello, las multitudes acudieron y los habitantes de la región se volvieron para defenderse con las armas; y aconteció que Antíoco fue puesto en fuga por la gente de la región y levantó su campamento con gran vergüenza. Mientras estaba en Ecbatana, le llegaron noticias de lo que les había ocurrido a Nicanor y a las fuerzas de Timoteo. Vencido por la ira, planeó hacer sufrir a los judíos por las malas acciones de aquellos que lo habían puesto en fuga. Por tanto, mientras el juicio del cielo ya le acompañaba, ordenó a su auriga que condujera sin cesar hasta terminar el viaje; pues con arrogancia decía esto: «Haré de Jerusalén un cementerio común de judíos en cuanto llegue allí». Pero el Señor que todo lo ve, el Dios de Israel, lo hirió con un golpe fatal e invisible. Tan pronto como hubo terminado de pronunciar esta palabra, se apoderó de él un dolor incurable en las entrañas, con amargos tormentos en sus partes internas. Y esto muy justamente, pues él había atormentado las entrañas de otros hombres con muchos y extraños sufrimientos. Pero de ninguna manera cesó en su grosera insolencia. Al contrario, se llenó de aún mayor arrogancia, respirando fuego en su pasión contra los judíos y dando órdenes de acelerar el viaje. Pero sucedió que cayó de su carro mientras este iba a toda velocidad, y sufriendo una grave caída, todos los miembros de su cuerpo fueron torturados. El que poco antes se creía capaz de mandar sobre las olas del mar, por ser tan sobrehumanamente arrogante, y que pensaba pesar las alturas de las montañas en una balanza, ahora era derribado a tierra y llevado en una litera, mostrando a todos que el poder era evidentemente de Dios, de modo que del cuerpo de aquel hombre impío brotaban gusanos, y mientras aún vivía entre angustias y dolores, su carne se caía, y por causa de la fetidez todo el ejército se apartó con asco de su putrefacción. Y a aquel hombre que poco antes creía tocar las estrellas del cielo, nadie podía soportar llevarlo debido a su intolerable hedor. Por tanto, comenzó en gran parte a ceder en su arrogancia, con el espíritu quebrantado, y a entrar en razón bajo el azote de Dios, aumentando sus dolores a cada momento. Cuando ni él mismo podía soportar su propio olor, pronunció estas palabras: «Es justo someterse a Dios, y el que es mortal no debe pensar que es igual a Dios». El hombre vil hizo votos al Señor Soberano, quien ya no tendría más piedad de él, diciendo que a la ciudad santa, a la cual iba apresuradamente para arrasarla hasta el suelo y convertirla en un cementerio común, la declararía libre. En cuanto a los judíos, a quienes había decidido ni siquiera considerar dignos de sepultura, sino arrojarlos a las fieras con sus niños para que las aves los devoraran, los haría a todos iguales a los ciudadanos de Atenas. Al santuario sagrado, que antes había saqueado, lo adornaría con las mejores ofrendas, restauraría todos los vasos sagrados multiplicados muchas veces, y de sus propios ingresos sufragaría los gastos necesarios para los sacrificios. Además de todo esto, dijo que se haría judío y visitaría todo lugar habitado, proclamando el poder de Dios. Pero como sus sufrimientos no cesaban de ninguna manera, porque el justo juicio de Dios había caído sobre él, habiendo perdido toda esperanza para sí mismo, escribió a los judíos la carta que se transcribe a continuación, en forma de súplica, con este contenido: «A los dignos ciudadanos judíos, Antíoco, rey y general, desea mucho gozo, salud y prosperidad. Que a vosotros y a vuestros hijos os vaya bien, y que vuestros asuntos sean como deseáis. Teniendo mi esperanza en el cielo, he recordado con afecto vuestro honor y buena voluntad. Al regresar de la región de Persia, y habiendo contraído una molesta enfermedad, consideré necesario preocuparme por la seguridad común de todos, no desesperando de mi situación, sino teniendo gran esperanza de escapar de la enfermedad. Pero considerando que mi padre también, en la época en que dirigió un ejército hacia la región superior, nombró a su sucesor, a fin de que, si ocurría algo contrario a lo esperado, o si llegaban noticias desagradables, la gente del país, sabiendo a quién se había dejado el estado, no se turbara; y, además, observando cómo los príncipes que están en las fronteras y los vecinos a mi reino buscan oportunidades y aguardan lo que pueda pasar, he nombrado rey a mi hijo Antíoco, a quien muchas veces encomendé y recomendé a la mayoría de vosotros cuando me apresuraba a ir a las provincias superiores. Le he escrito a él lo que se indica a continuación. Por lo tanto, os insto y os ruego, recordando los beneficios que se os han hecho en común y en particular, que cada uno de vosotros conserve su actual buena voluntad hacia mí y hacia mi hijo. Pues estoy persuadido de que él, con gentileza y bondad, seguirá mi propósito y os tratará con moderación y amabilidad». Así, el asesino y blasfemo, después de haber soportado los más intensos sufrimientos, tal como él había tratado a otros hombres, terminó su vida en los montes por un destino por demás lastimoso en tierra extranjera. Su hermano de crianza, Filipo, se llevó el cuerpo a su tierra y luego, temiendo al hijo de Antíoco, se retiró a Egipto, junto a Ptolomeo Filométor.
Reflexiones
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Notas · Haydock (1859, dominio público)15 notas
Notas en inglés Comentario católico del siglo XIX del P. George Leo Haydock, tal como se publicó.
Estas notas conservan las polémicas de su época: algunas hablan con dureza del pueblo judío o de otros cristianos. La Iglesia enseña hoy otra cosa. No se puede culpar al pueblo judío de la muerte de Cristo (Nostra Aetate 4; Catecismo 597–598), y los cristianos de otras comunidades son nuestros hermanos en el Señor (Unitatis Redintegratio 3). Unidad de los cristianos
2 Macabeos 9:1
Ver. 1. At. Read 1 B. iv. 28. W. --- Time, A. 3840. The motives and ill success of this journey are given 1 B. iii. 31. and vi. 1. C.
↑ 12 Macabeos 9:2
Ver. 2. Persepolis; otherwise called Elymais, (Ch.) a chief (W.) "city of Persia."
Hence Elymais may be called Persepolis. H. --- The famous city of this name, where Cyrus had built a palace to the astonishment of the world, had been (C.) burnt by Alexander when intoxicated, and urged on by a harlot. Curt. v. 15. ---
Noble ruins still remain on the Araxes.
↑ 22 Macabeos 9:3
Ver. 3. Ecbatana, capital of Media. C. --- See C. i. 16. H.
↑ 32 Macabeos 9:4
Ver. 4. Forward. He felt a violent fit of the cholic.
↑ 42 Macabeos 9:8
Ver. 8. Man. He seems to have claimed divine honours, v. 12. C. v. 21. and ix. 8.
Dan. xi. 36.
Arab. C.
↑ 82 Macabeos 9:13
Ver. 13. Not like. Because his repentance was not for the offence committed against God, but barely on account of his present sufferings. Ch. --- For these he really grieved. 1 B. vi. 11. Yet was not sorry for the offence against God and men. So the damned acknowledge that their punishments are inflicted on account of their sins, yet have not true repentance. W. --- In like manner Esau repented for the loss of his birthright. Heb. xii. 17. M. --- Epiphanes had abandoned God, who now laughs at him, (Prov. i. 26.) as some of the Machabees had threatened.
C. vii. 14. 7. 9. 31. 2. 5. 6. He is the model of false penitents, who are actuated by servile fear.
↑ 132 Macabeos 9:14
Ver. 14. Free and independent, (C.) like Antioch. Pliny v. 21.
↑ 142 Macabeos 9:15
Ver. 15. Athenians. This seems to have been put for Antiochians, C. iv. 9. in Greek; which name would suit better here, as Epiphanes had no power over Athens. Grot. C. --- Yet it was highly privileged (H.) above all the cities of Greece. M. --- Jason had obtained for the citizens of Jerusalem to be called Antiochians. C. vi. 1. But this grant had been revoked, or not carried into effect since the late troubles. C. --- Here the privilege is to be extended to all the Jews. H. ---
Ptolemais and Calliroe enjoyed the same. Harduin.
↑ 152 Macabeos 9:16
Ver. 16. Sacrifices, as Darius, Philometor, and afterwards (1 B. x. 39.) Nicator did. 1 Esd. vi. 9.
C.
↑ 162 Macabeos 9:19
Ver. 19. Subjects. Lit. "citizens." H. --- Similar addresses (v. 20.) were sent by the emperors to the Romans; and by Cæsar and Anthony to their allies. Jos.
Ant. xiv. 17. and 22. Tull. Epist.
↑ 192 Macabeos 9:23
Ver. 23. Father: Antiochus the great. The Persian monarchs generally took this precaution. ---
Countries. So profane authors style the provinces beyond the Euphrates.
Diodorus, S. Jerom (in Dan. xi.) and others, inform us that Antiochus attempted to plunder the temple of Belus, at Elymais, and took off a vast sum of money under pretext of paying the tribute to the Romans.
But the neighbouring nations fell upon him, and cut him with his army to pieces. Philopator succeeded to the throne.
↑ 232 Macabeos 9:25
Ver. 25. Antiochus Eupator, nine years old. --- Below. This is lost.
↑ 252 Macabeos 9:26
Ver. 26. Favours. He must have been deranged. C.
↑ 262 Macabeos 9:28
Ver. 28. Mountains, at Tabes, (Polyb.) in Patacene. Curt. v. --- Historians relate that he lost his senses, ( daimonesas) being terrified by a demon, on account of his criminal attempt against the temple of Diana. Polyb. excerp. Vales. S.
Jer. --- This was a real crime in him, as he took the idol for a deity. But his conduct towards the temple and nation of the Jews would probably weigh heavier upon his conscience. C. --- S. Cyprian (exhort.) styles him "an inveterate enemy to all good; nay, in Antiochus antichrist is expressed." W.
↑ 282 Macabeos 9:29
Ver. 29. That was. Syr. "son of his nurse," appointed regent. --- Philometor Lysias asserted his title to the regency, and had the young king, so that Philip applied to the Egyptians to help in the execution of the last will of the deceased. C. --- Read 1 B. vi. 17. W.
↑ 29Licencia: Notes by Fr. George Leo Haydock (1774–1849), from the Douay-Rheims Bible with Haydock's commentary (first ed. Thomas Haydock, Manchester/Dublin, 1811–1814; New York: Edward Dunigan & Brother, 1859); New Testament notes compiled with Fr. Benedict Rayment. Public domain. Digital text: "The Haydock Bible", Internet Archive (archive.org/details/TheHaydockBible), uploaded 2011 under the Public Domain Mark. · Créditos y licencias